jueves, 3 de enero de 2008

NAVIDADES = HIPOCRESIA

Qué fantásticas son las navidades; todos te felicitan, te desean lo mejor, te dicen que esperan que empieces bien el año y te vaya bien en todo, te saludan, felicitan el año,... Incluso aquellas personas que no te dirigían la palabra desde hace mucho tiempo, las que te critican o te miran sólo mal o para meterse contigo.



Pero sorpresa, en navidad todos somos super amigos y nos llevamos estupendamente, miramos con buenos ojos y deseamos lo mejor del mundo a todas aquellas personas con las que os encontramos en estas épocas.



¡Cómo podemos ser tan hipócritas!



Todos los años es la misma historia y hay que aguantarla, por educación, tal vez por tradición, ... no sé, el caso es que todos nos regimos por las misma falsedad; ¿pero por qué ahora y no en otra época del año?



Soy de esa clase de personas que considera que el saludo no se le puede negar a nadie, lo cual sé que es realidad; es lo que se debe hacer; puesto que a lo largo de la vida nos encontraremos con mucha gente y tal vez coincidamos con aquellas personas con las que en algún momento tuvimos un problema, las que nos traicionaron,... ¡a saber! El caso es que hay que saludar a quienes c0nocemos, eso no lo niego, es evidente; pero de ahí, ha desear lo mejor porque sea navidad, con una falsa sonrisa y una mirada traicionera, hay un largo camino. Por eso, este año he dejado la hipocresia de lado, sigo saludando a toda la gente que conozco, incluso he felicitado la navidad; pero las únicas personas a las que he enviado un mensaje, llamado o felicitado el año en persona, son aquellas que realmente me importan, las que son realmente importantes para mi, a las que te aprecio, tengo cariño y a las que quiero. Al resto no lo he considerado necesario, y al parecer ellos tampoco; puesto que a quien no he felicitado el año o las navidades, tampoco me las han felicitado a mi. Hasta tal punto ha sido así, que ha habido quien ha torcido la cara al verme, esperando a que me acercase yo primero a saludar y felicitar las fiestas, o han hecho como que no me han visto,... Pero ya nada de eso me importa, porque quienes me importan se han acordado de mí y me han demostrado que yo también les importo.



Por primera vez en 23 años, he hecho lo que realmente me apetecía, felicitar a quienes realmente se lo merecen y desearles lo mismo que les deseo durante todo el año y no sólo en estas fechas: lo mejor del mundo, un hombro en el que apoyarse cuando lo necesiten, un oído que les escuche cuando sea preciso, una mirada, una caricia,... Lo que cualquiera ofrece a sus amigos de verdad y familiares siempre y en todo momento y no sólo en fechas marcadas por la sociedad o por un calendario.

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