martes, 12 de febrero de 2008

LO QUE NO HE SABIDO DECIR EN ESTOS AÑOS

Los años van pasando para todos, pero para mi aún hoy hay momentos en que me da la impresión de que se ha detenido en aquel verano del 98; cuando comencé a sentir cosas que nunca antes había apreciado; cuando extrañas sensaciones recorrían mi cuerpo al ver a alguien que hasta entonces veía como al resto de la gente de mi edad. Cuando empecé a tener nuevos sentimientos por alguien a quien yo consideraba muy importante para mí, pero tampoco tanto como para sentir todo aquello; o eso creía yo.
Cuando le veía me sonrojaba; una extraña sensación recorría todo mi cuerpo en forma de cosquilleo; me temblaban las rodillas; no podía pensar en nada, tan sólo observarle; las palabras no lograban salirme para expresar lo que sentía, siquiera para decir algo que no tuviese nada que ver conmigo; la alegría y los nervios se juntaban formando una sola emoción, nueva, paradójica y complicada al mismo tiempo para mí.
Si no le veía estaba inquieta por si pudiese estar por allí o llegase a verle, no podía pensar en nada más que en las ganas que tenía de volver a percibirle, aunque sólo fuese por un instante; de distinguir de nuevo su sonrisa; de escuchar una vez más su dulce voz,...
Cuando llegaba la hora de despedirnos; no era capaz de decir nada. Tenía que irme sin más, sin siquiera mirarle; pues hacerlo significaba no poder verle en mucho tiempo; creía que al no decir hasta luego o adiós el momento de juntarnos de nuevo en aquel lugar, de volver a contarnos nuestras batallas, de discutir, picarnos,... sería mucho más corto que si me despedía.
Me daba la impresión de que nunca llegaba la situación de reunirnos de nuevo, de poder tener noticias suyas; y cuando llegaba, quería que el tiempo se detuviese, que se paralizase en ese preciso instante para no tener que separarnos más; para poder seguir hablando, jugando,..liándolas.

Llegué a pensar que no podía ser real lo que sentía, que todo era una confusión de nuestra amistad con algo más que eso. Dejaba de verle como más que un amigo por algún tiempo (sobre todo cuando estábamos alejados), pero de pronto sentía lo mismo; incluso con más intensidad que la última vez. Volvía a dejar de pensar en esa persona de una forma tan especial, de nuevo sentía algo muy fuerte;... Así durante muchos años; pero sin ser capaz de decirle nada en ningún momento; tan sólo podía hablarlo con mis amigas; pero eso sí, que ellas no le dijesen nada, porque entonces no eran realmente mis amigas. Era un secreto a voces; ya que se veía a leguas. Pero a pesar de ello, todo seguía como siempre: seguíamos hablándonos, montándolas, contándonos secretillos (grandes secretos por aquel entonces para nosotros), echándonos las risas, enviándonos cartas,...¡Pasando muy buenos momentos!

A día de hoy sigo pensando que tan solo ha sido un conjunto de sentimientos, emociones y sensaciones nuevas que no he podido comprender, que sigo sin entender y que puede que nunca las llegue a distinguir. A saber si realmente es sólo amistad, pero una amistad muy especial, como no puede llegar a serlo con nadie más; o bien, algo más que eso. No lo sé, la verdad; pero por fin me he dado cuenta de que es mejor que todo siga como hasta ahora. Tal vez algún día, no se cuándo ni si dentro de mucho o poco tiempo, pero tal vez consiga explicar todas estas sensaciones, estos sentimientos que aún recorren mi cuerpo en ocasiones y sigo sin saber explicar ni llego a entender.

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