Su mirada penetrante iluminaba aquella habitación; sus imponentes ojos me decían todo lo que una persona desea escuchar de la persona a la que ama, pero resultaba insólito, pues sus sensuales labios no se movían , siquiera articulaban palabra alguna. No lograba dejar de observarle, tampoco era capaz de expresar mis pensamientos ni lo que sentía en aquel preciso instante; así que me quede inmóvil entre la multitud, contemplándole.
De pronto se giró, miró en la dirección en la que yo me encontraba; tal vez a mi, puede que buscando a alguien, no lo sé.
Seguí allí paralizada durante algún tiempo. Se aproximó, pude verle aún mejor; si es que eso era posible. En sus retinas se reflejaba lo que yo estaba experimentando desde que le vi. No sabía como era posible, siquiera podía creerlo, pero todo lo que no era capaz de expresar con mis palabras podía verlo en sus impresionantes ojos.
Se acercó un poco más a mí. Noté su embriagador aliento rozando mi mejilla. De repente, una exquisita y suave voz me susurró al oído: “Hola vida”
¿¡Cómo era posible que me dijese aquello alguien a quien veía por primera vez!?
Intenté responder a su saludo, pero estaba tan nerviosa que las palabras no me salían; las rodillas comenzaban a fallarme hasta tal punto, que tal vez habría caído, sino fuese porque se alejó sin decirme nada más.
Ignoraba el porqué de aquella extraña situación; pero llegué a comprenderla cuando pude ver como se iba con otra persona que había venido a buscarle para aproximarse a la pista de baile de aquella sala, que me iba resultando más grande a medida que se iban apartando de mi.
Por fin llegaron al lugar al que se dirigían, una nueva melodía sonaba por los altavoces; su cuerpo comenzaba a moverse al ritmo de la música; mientras el mío se estremecía cada vez más. Parecía como si siempre se hubiese dedicado a bailar, iba acorde con las notas y la letra de aquella canción, sus movimientos resultaban muy sensuales para mí; tanto que mi cuerpo dejó de temblar por unos instantes y comenzó a impulsarse hacia la pista de aquel local, con movimientos poco familiares para mí.
La habitación mermaba por instantes, cada vez estaba más cerca de aquella persona cuyas palabras se habían gravado en mi cabeza (“Hola vida”).¡Cómo olvidarlas!
Sin apenas darme cuenta, estaba al lado suyo, bailando juntos. Parecía un video clip en el que dos personas anónimas se ven, sienten algo nuevo la una por la otra, y se ponen a bailar sin dar importancia a si hay más gente a su alrededor o si les observaran los demás.
Estando allí, y sin poder dejar de deslizarnos por la pequeña pista, sentí su aterciopelada piel acariciando mis manos; aun temblorosas por todas aquellas nuevas emociones. Tenía la sensación de encontrarme en medio de una película, tal vez un sueño; pero en ningún caso algo real.
No podía dejar de mirar su angelical cara; todas sus facciones eran perfectas, inmejorables.
Sin darme cuenta, sus labios se hallaban casi rozando los míos. No podía creerlo, aquellos deseables labios estaban a punto de acariciarme.
Inesperadamente, alguien pasó entre los dos, separando nuestros cuerpos; originando una sensación de tristeza e impotencia al mismo tiempo; a la cual supimos responder con una sonrisa.
Jamás había visto tan fantástica expresión en la cara de nadie; no sólo se distinguían hoyuelos en sus mejillas y se estiraban sus labios; también estaba sonriendo con los ojos; podía percibirse como aquel humilde gesto lo estaba realizando de corazón, como si realmente sintiese que no se hubiese producido esa situación que ambos esperábamos con gran expectación.
De nuevo alguien nos había separado; pero tenía el presentimiento de que antes de finalizar la noche volveríamos a juntarnos. Puede que incluso uniésemos nuestros los labios, o quizá pudiese decirle algo, no lo sé; tan sólo deseaba que sucediese, que pudiésemos volver a estar cerca el uno del otro.
Había pasado una eternidad desde aquel último baile; o eso pensé yo, puesto que desde que nos alejamos, el tiempo había transcurrido muy despacio para mi aguardando poder volver a verle (aunque sólo fuese eso; verle).
Tras una larga espera y mucha expectación, una suave mano acarició mi rostro, provocándome un cosquilleo que recorrió mi cuerpo entero. ¡De nuevo aquella maravillosa persona!
Percibí como las vibraciones que se desprendían de sus labios en forma de palabras, con un acento sensual, se aproximaban a mi oído transformándose en el siguiente mensaje: “Eres mi sueño hecho realidad”
¡Increíble! ¡Eso era exactamente lo que yo pensé al verle, y me lo acababa de decir a mi!, como si me pudiese leerme la mente.
Ahora no podía esperar a que alguien estropease aquello. Era mi sueño, y no estaba dispuesta a que acabase sin lograr besarle; por lo que decidí estirarme un poco para que mis labios alcanzasen los suyos y así poder tocarle.
Llevaba deseándolo toda la noche, aquella larguísima noche, que no quería que terminase nunca.
Por fin llegó ese momento tan especial para los dos; sé que era único porque veía en sus ojos lo que no era capaz de expresar con mis propias palabras; notaba que los dos, por alguna extraña razón, sentíamos lo mismo.
Nuestros labios se fusionaron en un apasionante beso; y en aquel preciso momento supe que era la persona junto a la que quería pasar el resto de mis días.
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